La emoción de Carlitos

«Se sentó a la sombra de un viejo ombú, apenas distante unos diez metros de la senda elegida, por donde ella solía pasear cantando alegremente con un fino vestidito de tenue color amarillo…»

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Historias de Iriarte

Cuentos de Oscar Marzol

Vivía en Iriarte…, en ese nuestro pequeño pueblo con calles de tierra, veredas informales, carente de energía eléctrica, casi incomunicado con el mundo pero capaz de sublimarse en emociones interiores…

El, era un apasionado por la naturaleza.  Ella, era la naturaleza misma.

Lo pensó varios días.  Era un desafío ante sí y los demás pero corría con la enorme ventaja de una modesta experiencia, frente a la ingenuidad de ella que no lo sospechaba.

Aquella tarde no soportó más la ansiedad que lo obsesionaba y se preparó como nunca.  Se escapó sigilosamente de su casa a la hora de la siesta.

El intervalo de la siesta era, por aquel entonces, casi mágico.  La vida parecía detenerse pero también ofrecía espacios tentadores…

Fines de octubre, una mezcla inquietante de primavera y verano.  Paso apurado, un fino hilillo de transpiración en su frente, caminaba y hablaba simultáneamente consigo mismo, pensando en la estrategia necesaria para que no fallara su seducción.  Iba, definitivamente, alterado.

La buscó donde normalmente solía observarla pero ¡ claro ¡ no había cita convenida.  Debería esperarla sólo con la convicción que ella aparecería ante sus ojos ó en su defecto, desandar el camino, renunciar a su sueño, postergar el encuentro y guardar el secreto.  ¡ Pero se había preparado interiormente sólo para la primera alternativa !

Se sentó a la sombra de un viejo ombú, apenas distante unos diez metros de la senda elegida,  por donde ella solía pasear cantando alegremente con un fino vestidito de tenue color amarillo…

Cuando Horacio Torres – nuestro amigo –  apareció gritándole desde su bicicleta, se sintió incómodo, le gritó un montón de adjetivos acordes a las circunstancias, trató de hacerle entender que debía estar solo dado su propósito y lo invitó formalmente a que se retirara.  Ya le contaría más tarde cuanto debiera contarle.

¡ Ojalá tengas suerte, pero conociéndola un poco, me parece que no elegiste bien el lugar ni la hora y creo que tampoco el modo ! Por qué no la esperás en la plaza – le contestó Horacio bastante molesto.  Y se fue.

Una suave brisa le refrescaba la cara ; traía el perfume casi indefinido de los hinojos salvajes diseminados sobre los terrenos ferroviarios  Fuera de la sombra del árbol el abrazante sol unificaba los colores y apuraba la sed. Sentado con las piernas abiertas, apoyaba los codos sobre las rodillas.  Masticaba suavemente una y otra gomita azucarada en forma de triángulo y con gusto a eucaliptus que había comprado en lo doña Pepa antes del mediodía.  Algún vago ladrido y el lejano golpeteo de los motores de la usina láctea, mantenían despiertos los oídos…

De pronto notó un pequeño movimiento en el cardo más alto y presintió su llegada.

¡ Allí estaba – sin verlo – frente a él  !   ¡ Hermosa ! 

Sintió un pequeño ardor en el pecho, aceleró su respiración, se puso de cuclillas, amenazó con pararse, se apoyó sobre el árbol, mezcló timidez con arrogancia y decididamente comenzó el intercambio de emociones…

No había demasiado lugar para las palabras.

La invitó sutilmente con una tentadora golosina.  Ella asintió de inmediato pero recapacitó pensando – tal vez – que hubiera sido demasiado fácil y mirándola una y otra vez con ansiedad pero con cierta desconfianza, le hizo notar que le agradaba su gesto pero renunciaba – al menos momentáneamente – a retribuir su cortesía.

Primer intento desvanecido, pero con el convencimiento que ella no se había desencantado por completo y que por algo, el azar, la había llevado hasta aquel lugar…

Sin mostrarse preocupado y como no dándole demasiada trascendencia, le ofreció un poco de agua.  Lo miró, miró el agua, giró su cabeza nerviosa y reiteradamente hacia los lados, hacia abajo y hacia arriba como buscando una explicación a tan inusitada situación, y sin sobresaltos se negó una vez más.  Probablemente sospechó que él no estaba solo y se puso nerviosa.

Ella se retiró unos pasos y se mantuvo contemplativa, mientras él con un nudo en la garganta trataba de trasmitirle que la necesitaba, que estaba dispuesto a cuidarla y quererla, que por favor bajara su guardia, renunciara a su natural rebeldía juvenil y le permitiera compartir un tiempo futuro…   ( pero sólo él lo soñaba )

Inesperadamente y sin que mediara explicación alguna, ella se fue sin decir palabra.

Exhausto por la emoción contenida, el vértigo de los sucesos, el calor sofocante y el desaire de su dama, se tiró en el pasto, tapó su cara con la inseparable gorra visera, cerró los ojos y con su pensamiento analizó todos y cada uno de los pasos que había dado, buscando explicación a su fracaso. 

Llegó a la conclusión que su peor error había sido, precisamente, la ansiedad…

¡  Volverá…!  – se dijo – ( con mucha confianza )  .  Y se durmió

Un ruidito seco y característico, lo despertó súbitamente.

Ella había vuelto sola y percibiendo que su pretendiente no la observaba, se dejó tentar con aquella deliciosa golosina – un poquito de alpiste – y el tarrito con agua.

Mi amigo, Carlitos Agraso, sin poder apreciarlo, había  “cazado” una hermosa y codiciada hembrita de “cabecita negra” para el jaulón de la galería de su casa, a orillas de las vías del tren.   Caminaba y hablaba con ella mientras volvía, con el alma plena y la jaulita-trampera colgada de su dedo índice. Y sonreía…

                                                                 Buenos Aires, 9 de mayo de 2008

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Plural: 6 comentarios en “La emoción de Carlitos”

  1. Muy bueno el relato de la historia de Carlitos, inesperado final jajajaja obvio esperábamos el nombre de la chica, buenísimo 👏👏👏👏

  2. El amor sugiere una pérdida parcial de nuestra libertad. En este caso, sin estar enamorada tal vez, quien la perdió fue la pajarita.

  3. Muy lindos relatos, descritos en el paisaje de aquella época, pero el pueblo ahora ha progresado muy lentamente pese a la memoria de su fundador tiene otros sueños o necesidades, faltan algunos adelantos, una bibliotecas para los niños que no pueden leer o comprarse libros con computadoras, y/o mejorar la asistencia médica y ampliar la Empresa eléctrica para crear empleos, ojala se cumpla algunos de estos sueños de progresos

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