El destino del sábalo

«Cierta mañana, don Marcos le pide encarecidamente al Cleto que se acerque a su casa a fin de revisar su precaria instalación eléctrica y esté accede sintiéndose un verdadero electricista.»

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Historias de Iriarte

Cuentos de Oscar Marzol

Rosa Leiva era la señora de Marcos Loza. Familia muy humilde y con muchos hijos. Ella fue contemporánea de nuestra niñez. El, empleado rural en diversos establecimientos donde pudiera conchabarse por mayor o menor tiempo.

Dada su extrema necesidad – en virtud que en aquel entonces no existían los planes asistenciales – Rosa había tomado como costumbre enviar a diversas personas una notita solicitando ayuda, siendo su mensajera la hija mujer, Marita.

Rosa, de letra impecable y buena redacción indicaba expresamente su necesidad, bien fuera determinado remedio, mercadería o en su caso, dinero en efectivo. Nunca en forma personal. Siempre en forma explícita, bien para que se entendiera o a prueba de olvido de la mensajera.

Cleto Aguirre, personaje si los hay de nuestro pueblo, sin empleo fijo, pero con una ductilidad y sobre todo coraje para emprender cuanta changa le fuera solicitada, bien vinculado con la sociedad en la que estaba inmerso y sin mayores pretensiones a la hora de facturar el trabajo.

Emilio Beltramino, hijo del recordado “pibe” conducía un camión con destinos varios y tenía muy buena relación con los Loza.

Mario Perini “Clavito”, invitado especial para una cena especial en lo de Aguirre.

Cierta mañana, don Marcos le pide encarecidamente al Cleto que se acerque a su casa a fin de revisar su precaria instalación eléctrica y esté accede sintiéndose un verdadero electricista.

Emilio Beltramino estaba regresando de un viaje al puerto de Rosario y decidió traerle a los Loza un hermoso y gran sábalo – pez de rio – limpito como para proceder… (inimaginable para la numerosa familia).

Terminado que estuvo el trabajo eléctrico, tomaron unos mates y en un tono muy suave –Marcos hablaba despacito – le dice al Cleto que en realidad no tenía plata para el servicio pero sí le ofrecía como pago entregarle un hermoso sábalo que le habían traído de Rosario.

Ligero el Cleto, considerando que sería su única alternativa, lo aceptó intercambiando sonrisas y comentarios sobre su preparación para la cena.

Contento en su bicicleta y con el bichito en una bolsa, Cleto llegó a su casa y le dijo a “la vieja” preparalo al horno con unas papas y cebollas. A eso de las 20:30 estaré llegando.

Dada la posibilidad de tan exquisita cena, sin decir nada, lo invitó a Mario a compartir un manjar un tanto insólito para Iriarte, que le permitiría lucirse con su amigo.

Al llegar ambos a la cena concertada, su mujer le comenta que había tenido un momento de reflexión, angustia y solidaridad cuando ya avanzada la cena solicitada, Marita Loza apareció con una “notita” que enviaba su madre, aduciendo que se sentía muy triste, desconsolada y en su desesperación y con vergüenza le pedía si podría enviarle algo para darle de comer a sus hijos. Sin dudarlo, ella le había entregado el pescado al horno con papas y cebollas, prestándole su asadera del horno.

Salamín picado fino, queso, galleta y un vaso de tinto para cada uno de los tres, fue la cena especial de un día especial…

Oscar Marzol

Iriarte, 21 de abril de 2020

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