El reencuentro

«Hubo temporadas de encuentros más fluidos, cuando ambos tenían claridad y coincidencia en lo que estaba sucediendo y ameritaba la toma de un café o una copa de vino. En otras, llegaron casi hasta evitarse aún conscientes que ambos circulaban por veredas muy cercanas.»

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por Oscar Marzol

El había estado pensando en ese encuentro especial cara a cara, a lo largo de tantos años.  Por supuesto que no fueron pocas las oportunidades que se dieron para intercambiar emociones, estados de ánimo, confesiones personales sobre la relación con sus afectos, aspectos triviales o importantes de sus ocupaciones laborales, en fin, lo que cualquier ser humano es capaz de dar o recibir en un encuentro interpersonal, retrospectivo o de expectativas hacia el futuro. 

No siempre las charlas fueron amenas, ya que ambos conocían las fortalezas y debilidades del otro.  A veces despertaron ira por la confesión de situaciones enojosas, otras sonrisas por la recreación de anécdotas picarescas y en otras, algunos silencios por no querer exteriorizar ni las unas ni las otras. 

Hubo temporadas de encuentros más fluidos, cuando ambos tenían claridad y coincidencia en lo que estaba sucediendo y ameritaba la toma de un café o una copa de vino. En otras, llegaron casi hasta evitarse aún conscientes que ambos circulaban por veredas muy cercanas.

Pasaron los años y pasó la vida bastante rápidamente… 

Qué hace falta para que quienes tantas identificaciones compartidas poseen puedan encontrar el equilibrio necesario que les permita discernir sobre la felicidad personal y la de los demás en el intercambio con sí mismo.  Cuántos perdones debieran pedirse y cuántos abrazos debieran darse. Ninguno de los dos lo tenía claro a pesar de intercambiarse mutuamente esas preguntas.

Casi hipnotizado dejó de mirarse inquisitivamente en el espejo, observó  que ya tenía un montón de arrugas en la frente y con la misma incertidumbre de siempre, se predispuso para descansar un rato en el cómodo sillón del comedor…                                                                                      

Oscar Marzol

Buenos Aires, 15 de Junio de 2020

El cuadro de portada pertenece a John French Sloan (1871-1951) , pintor y grabador estadounidense.

Escucha el audio de este cuento:

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