Juegos olímpicos rurales

«Faltaba ya escaso tiempo para la hora señalada de largada y, aparentemente los nervios le estaban jugando una mala pasada. El predio de la competencia era un parque arbolado de grandes eucaliptus donde los asistentes, aprovechando su sombra estacionaban los vehículos. De pronto, nuestro eximio deportista salió raudamente hacia los baños y los encontró a todos inexplicablemente ocupados.»

Un comentario

cuentos de Oscar Marzol

El argentino Luis Alberto Nicolao, fue uno de los recordmans mundiales en natación y perdió su última chance en Méjico, el 20 de octubre de 1968  cuando no pudo llegar a la clasificación de la gran final porque el micro que lo llevaba, junto a su entrenador, quedó varado debido a una interrupción  de tránsito.

Mucho más cerca nuestro, un deportista de élite – según él así lo relataría tiempo más tarde – se pavoneaba caminando sobre la vereda de la importante pileta de natación donde entrenaba asiduamente, trabando su musculatura para que las niñas que lo observaban permanentemente – también según su descripción – intercambiaran sonrisas, comentarios y suspiros  El sabía que nadaba bien en todos los estilos y sus marcas rememoraban las hazañas de Nicolao.

Participó en varias competencias en San Gregorio, María Teresa, Teodelina, Vedia y otras ciudades de la zona y ya contaba con su incipiente popularidad.

En la definición del Torneo de Verano celebrada el 14 de febrero de 1988, nuestro hombre, con una irresistible zunga color rojo sangre y sus anteojitos náuticos haciendo juego, elongaba brazos, piernas, cintura, cuello y cuanta más articulación consideraba necesaria, mirando por supuesto con un tanto de superioridad a los ocasionales contrincantes, de perfil más bajo. Subido al extremo del “trampolín” y con una botellita de agua mineral, saludaba a sus seguidoras y seguidores, lo picaba un poquito para llamar la atención en un frustrado intento de arrojarse y dándose vuelta descendía suavemente por la escalera.  ¡¡¡¡   Imparable…!!!

Faltaba ya escaso tiempo para la hora señalada de largada y, aparentemente los nervios le estaban jugando una mala pasada.  El predio de la competencia era un parque arbolado de grandes eucaliptus donde los asistentes, aprovechando su sombra estacionaban los vehículos.  De pronto, nuestro eximio deportista salió raudamente hacia los baños y los encontró a todos inexplicablemente ocupados.

Bien debiera – por prolijidad literaria- decir alguien que pretende ser un modesto narrador que el hombre sentía una  “necesidad imperiosa de evacuar”, “su cuerpo le pedía una pronta definición”,  “su capacidad de pensar estaba ya agotada”, “una sudoración fría recorría todo su cuerpo” pero no estaría respetando la verdadera sensación que aquel hombre experimentaba.  !!! Se estaba cagando…!!!

Como pudo, en una carrera sin vallas salió rumbo al eucaliptus más robusto que sus ojos, ya cegados,  alcanzaron a divisar  Qué hermosa sensación invade al hombre ante una circunstancia como esta…

No había alcanzado a relajarse totalmente cuando, súbitamente,  escuchó su nombre por los parlantes habilitados al efecto que le asignaban el andarivel número cuatro y que, por favor, fueran ocupando sus puestos.  La agitación con la que llegó a la línea de largada era compatible con uno de sus días de mayor entrenamiento.  Ni bien pudo afirmar los “deditos de sus pies” en el borde de la pileta, el silbato fue equivalente al tiro de las olimpíadas internacionales.    

Era increíble ver el molinete de sus brazos en un impecable “estilo crol”.  Llegó al final del primer tramo y notó que llevaba una cierta diferencia a su favor.  Dio la vuelta invertida bajo el agua y emprendió el regreso hacia la meta.  Sentía el murmullo y griterío de los asistentes y eso lo alentaba a mover más aceleradamente sus brazos.

Cuando tocó el borde del final, notó que los árbitros se dirigían hacia él con cierta vehemencia.  Giró la vista hacia sus competidores, que venían a unos cuantos metros más atrás y comprendió con pavura que todos nadaban en “estilo pecho”. 

No se animaba a salir del agua… 

Habrá sido obra del destino, tal como le pasara a nuestro gran Nicolao ?

                                      Oscar Marzol –  Buenos Aires, 11 de Octubre de 2020

Recordando al atleta representante de San Gregorio, el amigo Julián De Lellis, en aquella memorable participación.

Escucha el audio de este cuento:

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