Cuentos

  • Peludeando…
    «Aquella noche, en una camioneta Ford, se dispuso salir a “peludear”, es decir, cazar peludos. Peco, Omar y yo, en la cabina. Oreste, Armando, Gallito y los dos ingenieros ( a quienes demostraríamos nuestras habilidades) junto a dos tarros lecheros de cincuenta litros y unos tarros con manijas, en la caja del vehículo, con reflectores para localizar los pozos y una vez allí echarles agua para que los animalitos salieran de su madriguera.»
  • ¡Qué triunfo!
    «(…)El estado de los allí presentes en esa noche era calamitoso pero la decisión no se hizo esperar. Con el gringo Belladelli a la cabeza, César Nicolás, Fabián “el ruso” Primo, “mosquito” Ricardo Marzol, Sergio Ramírez, el “vasquito” Amestoy, Gabriel Garnica y algunos más salieron en busca de una cama donde reposar, al menos, tres horitas.»
  • Ingenio
    «Cierta tarde, allí por el año 75, Roque venía de una semana laboral a los tumbos y andaba “bastante seco”, bancado por sus amigos de siempre. Tímidamente se acerca al puntano y le comenta que “había enganchado algo imperdible” pero no la podía llevar al stud y necesitaba un lugar para proceder…»
  • ¿ Ganamos 4 a 3 y medio ?
    «Estaban las ganas pero faltaba “el cómo”. En una visualización inteligente mosquito sugiere como nombre del equipo “Marzol Cereales” (empresa que podía bancar los gastos) y su Gerente Armando era “proclive a la fama”. ¡¡¡¡ Brillante!!…»
  • Engaño no resuelto
    «Habían arribado al pueblo dos nuevos policías, Asunción y Nicolai. A poco de estar allí, la escasa densidad poblacional permitía establecer vínculos amistosos entre controlantes y controlados.»
  • Juegos olímpicos rurales
    «Faltaba ya escaso tiempo para la hora señalada de largada y, aparentemente los nervios le estaban jugando una mala pasada. El predio de la competencia era un parque arbolado de grandes eucaliptus donde los asistentes, aprovechando su sombra estacionaban los vehículos. De pronto, nuestro eximio deportista salió raudamente hacia los baños y los encontró a todos inexplicablemente ocupados.»
  • El overo
    «Adentro, piso de madera, un antiguo mostrador, algunas botellas desparramadas en una desparramada estantería y en una de las tres mesas habilitadas a los parroquianos, con un vaso de aperitivo Amargo Obrero, soda y una rodajita de limón se había acodado Vicente Villalba.»
  • El tío José y el Cacique…
    «Una tarde en la estancia, estaban varios tales como Haroldo Mateljan, el Vasco Larrañaga, Carlitos Guidobono, el Nato y, por supuesto José y Cacique mirando caer una copiosa lluvia, desde la plataforma cubierta donde atracaban los carros lecheros para entregar sus tarros, tomando unos mates para aprovechar el tiempo y hablando de todo un poco – básicamente, con poco contenido.»

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