Una aventura subterránea

Decía el amigo Carlos Genco:

¿Dónde y cómo instalarlo?

Exitosa gestión que ya lleva un buen tiempo de espera. Pronto llegará y habrá que enfrentar el desafío de exhibirlos con auténtico sentido patrimonial-

El sábado 12 de enero de 2013, los periódicos de Buenos Aires anunciaban que a partir de esa fecha los históricos vagones de madera de la Línea A de Subterráneos que unieron durante casi cien años el trayecto entre Plaza de Mayo y Congreso de Tucumán, dejaban de circular y eran reemplazados por unidades nuevas adquiridas en China. Esta noticia llegó casi un año antes de que se cumpliera el primer centenario de la inauguración del subterráneo, ocurrida el 1 de diciembre de 1913, el primero en el país y en América del Sur. En ese momento colmó el orgullo de los porteños, que comprobaban que Buenos Aires quedaba a la altura de Nueva York, Londres, París y otras ocho grandes urbes mundiales que ya poseían ese moderno medio de transporte público. Fueron construidos por la empresa La Brugeoise et Nicaise et Delcuve, de la ciudad de Brujas (Bélgica), entre 1911 y 1919.

Antecedentes

Con esta decisión quedaron a la deriva más de un centenar de coches que fueron declarados “Patrimonio Cultural de la ciudad de Buenos Aires”, depositados en un taller de Sbase (Subterráneos de Buenos Aires) en un obrador de la Línea H en Parque Patricios. En un principio se anunció un plan de reconstrucción y restauración patrimonial de la flota, que al inventariarse dio como resultado 104 vagones en diferentes estados de conservación. El informe técnico de especialistas y representantes de Metrovías que examinaron los coches (los motores, el equipamiento de tracción y freno, las baterías, el sistema neumático, la cabina de conducción, sus controladores y armarios de accionamiento y el estado general del salón) fue muy preocupante ya que se constató que varias unidades eran irrecuperables; y que el estado general de la flota no superaba la calificación de regular. Entre las principales irregularidades encontradas figuraban grafitis y pintadas, tanto en estructuras como en el interior de los vagones; vidrios rayados y pintados; pisos deteriorados y con agujeros; faltantes de piezas y materiales, tales como matafuegos o elementos de seguridad; carrocerías picadas; coches incendiados y chocados fuera de servicio; y otros desmantelados.

Las autoridades rápidamente buscaron tomar medidas para salvaguardar lo mejor de la flota tras un proceso de reparación e incluso del funcionamiento de una formación para el cercano festejo del centenario de los subtes en la ciudad. Por otro lado, Sbase realizó gestiones para donar parte de esa flota y algunos materiales de los coches a entidades de bien público, nacionales e internacionales, que estuviesen consustanciadas con la preservación del patrimonio ferroviario. Era parte de una estrategia de cooperación horizontal, en pos de crear el Museo de Transporte Eléctrico de la Ciudad de Buenos Aires, en los términos descriptos por la ley 2.796 de Protección Patrimonial.

Una luz verde en el camino

Realmente fue una noticia victoriosa para los conquistadores de Iriarte, y enseguida la Comandancia presentó la primera nota a SBASE, y así sucesivamente otras tantas, atendidas con diligencia – dentro de los mecanismos propios de un Organismo como este. Finalmente, con fecha 17/05/16 recibo una comunicación referenciando que, de acuerdo al dictamen de la Procuración General de la Ciudad, era imposible la entrega en “donación” ya que el Museo es de carácter privado.  En consecuencia, la operación debía hacerse bajo las reglas de la “compraventa”. La ventaja compensando tal disposición es que como donatario no me cabían las exigencias de la restauración obligatoria, sino solamente que fuera expuesto en un museo.  Accedí a tal mecanismo, resultando una operación comercial, pero gracias a Dios el precio entiendo fue algo simbólico en virtud del bien en cuestión.

El 13/07/2017 firmábamos el convenio de “cesión onerosa”.  El 24/05/2018 a las 11 horas retirábamos la unidad N° 60 del predio de Mariano Acosta 2497 junto a Pascual Battista, Adolfo Romero y el camarógrafo Martincito Romero.

Al 3/03/2020 ya tenemos construido el galpón que lo protege y estamos intentando recrear una estación subterránea para que luzca mejor.

Algunas novedades dispararon reflexiones patrimoniales

Evidentemente los tiempos públicos no congenian con los privados. Con los trámites de cesión terminados ha transcurrido ya un tiempo prudencial y en 2018 el vagón belga aún no ha llegado al Museo… brilla por su ausencia. Pero este tiempo que se supone es burocrático se ha aprovechado para mejorar el enfoque de dónde y cómo instalarlo en los amplios dominios que ocupa el Museo.

No es un gran problema, pero tampoco menor. Este material centenario es un instrumento del traslado urbano, cuando en gran proporción el Museo es destinatario de tesoros pueblerinos y rurales. Pero ya hace varios años que su concepción ha pasado al de una institución de “amplio espectro”, o si se quiere a un Museo “sin fronteras temáticas”. Entonces estos testimonios metropolitanos no desentonan, pero sin dudas exigen una reflexión profunda de como exhibirlos con auténtico sentido patrimonial.

La opción que queda para el santuario de Iriarte

Es sumamente educativo el Museo de uso real de la Estación Perú del Subte A a donde llegaron incontables veces esas gloriosas brujas…esas paredes con mayólicas que representaba publicidades de época, las columnas metálicas, los techados de ese tiempo… son una invitación a una composición patrimonial de excelencia.

La cuestión finalmente está planteada. Hay una “brujita” que en cualquier momento llega al Museo, y el desafío es dónde y cómo instalarlas. Se puede confiar en ese instinto benefactor que recibe esta gente desde hace cuatro décadas y seguramente algo van a inventar, como en su momento lo hicieron con el magnífico polo ferroviario que es un testimonio de una fidelidad a ultranza con las cuestiones patrimoniales…

Este tesoro metropolitano centenario que está por llegar, merece la misma inspiración para mantener el nivel de este humilde pero auténtico Museo ya sin fronteras…

Desde su llegada al Museo el 24 de mayo de 2018, el coche subterráneo belga fue recibiendo todos los mimos posibles a nivel de ambientación y cuidado.  El albañil cabecera de esta época, Javier Ezequiel Zícaro, de Juan Bautista Alberdi, fue interpretando el diseño que sugería la patronal y poco a poco fue quedando “escondido” en las entrañas de la tierra.

Eduardo Manessi, “ingeniero electricista” lo fue poniendo a punto logrando un efecto digno de verse. 

Por obra de la casualidad, en una esquina de Buenos Aires, trabajaba una joven “muralista”.  La contacté para que una vez que aflojara esta dichosa pandemia se animara a pintar un cuadro en la “Estación Buenos Aires”.  El 11 de enero de 2021 intercambiamos los primeros correos y convinimos el trabajo.  En una semana se instaló en el Hotel Alas de Vedia, en compañía de su perrito.  El trabajo logrado, sobre la pared principal del andén le puso un toque final de elegancia al proyecto.  Después supe que se trataba de la ya famosa Mabel Vicentef.