


La Plaza Andaluza del Museo Iriarte es uno de los espacios más singulares del predio, una obra que refleja el espíritu dinámico del museo: un proyecto en constante evolución, donde cada idea puede transformarse en realidad.
Lejos de detenerse en lo ya construido, el Museo Iriarte continúa creciendo a partir de nuevas ideas y descubrimientos. Así nació esta plaza, inspirada en un viaje de sus creadores a la ciudad de Granada, en España.
Durante su visita a la Alhambra, una de las maravillas arquitectónicas más emblemáticas del mundo, surgió una imagen que marcaría el rumbo de este proyecto: un pequeño patio interno, sencillo y armónico, conocido como el Patio de los Naranjos.
Ese descubrimiento, capturado en un croquis a mano alzada y algunas imágenes, fue suficiente para que la idea comenzara a tomar forma.
La Plaza Andaluza rompe con el esquema tradicional de las plazas pampeanas. Su diseño incorpora formas curvilíneas, recorridos no lineales y caminos que no conducen directamente al centro, generando una experiencia distinta para quienes la recorren.
Lejos de replicar fielmente un modelo europeo, la propuesta fue reinterpretar esa estética para integrarla al “pueblito” del museo, un espacio que combina realidad y recreación histórica.
La ejecución de la plaza implicó un trabajo minucioso. A partir del croquis original, se desarrolló un diseño técnico que luego fue trasladado al terreno mediante estacas, hilos y mediciones precisas.
Construida sobre un espacio de aproximadamente 50 por 40 metros, la plaza fue tomando forma gracias al trabajo coordinado de un equipo que asumió el desafío con compromiso y dedicación.
Uno de los aspectos más destacados de la Plaza Andaluza es su diseño paisajístico.
Se seleccionaron cuidadosamente distintas especies para acompañar el trazado de la plaza y sus calles perimetrales:
- Ligustros
- Tilos
- Fresnos americanos
A esto se sumó una extensa formación de arbustos de Buxus sempervirens, ideales para crear setos bajos y definidos. En total, se incorporaron cientos de ejemplares, generando una estructura verde que da identidad al espacio.
La plantación se realizó en etapas, logrando desde el inicio una imagen consolidada que con el tiempo continúa desarrollándose.
Como todo el Museo Iriarte, la Plaza Andaluza no es una obra terminada, sino un proyecto abierto.
Su ubicación marca el avance del museo hacia el oeste, donde en el futuro podrían desarrollarse nuevas construcciones, servicios y espacios que completen este sector.
La plaza, como sucede en los pueblos, está pensada como un punto central que invita al encuentro, rodeado de actividades y propuestas que seguirán creciendo con el tiempo.
La Plaza Andaluza es el resultado de una mirada inquieta, capaz de transformar una inspiración lejana en un espacio concreto.
Un lugar que combina diseño, naturaleza y creatividad, y que refleja una de las principales características del Museo Iriarte: nunca dejar de crear.