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Molino de viento

Un gigante rescatado del olvido

Entre las piezas más emblemáticas del Museo Iriarte se encuentra el imponente molino de viento ferroviario, una estructura que no solo sorprende por sus dimensiones, sino también por la extraordinaria historia de recuperación que hizo posible su preservación.

Todo comenzó en 1999, durante una visita familiar a la localidad de Sauce de Luna, en la provincia de Entre Ríos. Allí, junto a la antigua estación ferroviaria del pueblo, se alzaba un enorme molino de viento destinado originalmente al abastecimiento de agua para las locomotoras del Ferrocarril Urquiza.

Su tamaño, su presencia y su valor histórico despertaron inmediatamente el interés de Oscar Marzol, quien comenzó a imaginar la posibilidad de rescatarlo para incorporarlo al futuro desarrollo del Museo Iriarte.

Años de gestiones y perseverancia

La tarea no fue sencilla. Durante varios años se realizaron distintas gestiones ante organismos nacionales y autoridades vinculadas a los bienes ferroviarios.

En 2002 se presentó un primer pedido ante el Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado (ONABE), que fue rechazado. Luego se realizaron nuevas solicitudes y consultas ante distintas instituciones vinculadas al ferrocarril, sin resultados favorables.

Sin embargo, el destino tenía preparada otra historia.

En junio de 2004, durante un viaje a Entre Ríos, Oscar Marzol decidió volver a visitar la estación de Sauce de Luna acompañado por amigos y colaboradores. Al llegar, encontró una escena inesperada: el enorme molino ya no estaba en pie.

Una fuerte tormenta, ocurrida apenas unos días antes, lo había derribado completamente.

Aunque la imagen resultaba impactante, también abría una nueva posibilidad. Las piezas permanecían en el lugar y aún podían recuperarse.

Con la colaboración de vecinos, autoridades locales y nuevas gestiones ante los organismos correspondientes, finalmente se obtuvo la autorización para retirarlo y trasladarlo a Iriarte.

El desafío de reconstruir un gigante

La recuperación fue una verdadera obra de ingeniería artesanal.

Las piezas fueron desmontadas, clasificadas y transportadas hasta el Museo, donde comenzó un intenso proceso de restauración liderado por Ramón Oreste Marzol junto a un grupo de colaboradores.

Durante semanas se trabajó en la identificación de cada componente, la reconstrucción de partes dañadas, el refuerzo de estructuras sometidas a grandes esfuerzos y el rearmado completo de la rueda y del mecanismo principal.

El desafío era enorme: no existían planos ni manuales de montaje. Todo debía reconstruirse interpretando el funcionamiento original de la máquina.

Finalmente, en agosto de 2004 llegó el momento más esperado.

El día que volvió a girar

Luego de meses de trabajo, el molino fue nuevamente levantado en el predio del Museo.

La torre, de aproximadamente 15 metros de altura, fue montada sobre sólidas bases de hormigón. Posteriormente se instaló la gigantesca máquina principal, que supera los 1.000 kilos de peso.

La rueda, con un diámetro de 6,6 metros, y la característica cola orientadora de casi 3,5 metros de largo completaron la estructura.

Con la ayuda de una grúa, técnicos, colaboradores y amigos del Museo, el histórico molino volvió a ocupar su lugar en el paisaje.

Un símbolo del patrimonio rural argentino

Durante décadas, los molinos de viento fueron protagonistas fundamentales de la vida rural argentina. Su función principal era extraer agua para el abastecimiento de viviendas, establecimientos agropecuarios, estaciones ferroviarias y animales.

Gracias a su mecanismo impulsado por el viento, permitieron llevar agua a lugares donde no existían sistemas eléctricos ni redes de distribución.

El molino del Museo Iriarte representa esa etapa del desarrollo rural y ferroviario del país, cuando la ingeniería y el ingenio permitían resolver necesidades esenciales aprovechando los recursos naturales.

Una de las mayores restauraciones del Museo

Por la complejidad de su recuperación, las dimensiones de la estructura y el trabajo técnico que demandó su reconstrucción, el molino de viento constituye una de las restauraciones más importantes realizadas en la historia del Museo Iriarte.

Hoy se alza como uno de los grandes íconos del predio, visible desde distintos sectores del recorrido y admirado por miles de visitantes cada año.

Más que una pieza mecánica, es el testimonio de una tarea colectiva, de la perseverancia frente a las dificultades y del compromiso permanente del Museo con la preservación del patrimonio histórico argentino.