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La incorporación del puente ferroviario al Museo Iriarte es mucho más que una obra de infraestructura: es la materialización de una idea que durante años pareció imposible.
Todo comenzó a fines de enero de 2021, cuando surgió la oportunidad de adquirir una serie de estructuras metálicas ubicadas en Malargüe, Mendoza. Lo que en un principio parecía simple chatarra, pronto reveló su verdadero valor: se trataba de un antiguo puente ferroviario que nunca llegó a ser montado.
Durante años, el Museo había imaginado una conexión física entre sus espacios, uniendo el predio principal con el sector Botánico. Aquella estructura, olvidada en el sur del país, aparecía como la pieza ideal para hacer realidad ese sueño.
El 16 de marzo de 2021, el puente fue finalmente trasladado a Iriarte. A partir de ese momento comenzó un enorme desafío: reconstruir una estructura compleja, pieza por pieza, como si se tratara de un gran rompecabezas.
El trabajo fue liderado por un equipo comprometido que, con dedicación y precisión, logró devolverle forma al puente. Se utilizaron más de 3.200 bulones y solo unas pocas piezas debieron ser reconstruidas. Lo que antes era un conjunto desarticulado de hierro comenzó, lentamente, a convertirse nuevamente en puente.
Pero su historia se remonta varias décadas atrás.
Esta estructura formó parte de un ambicioso proyecto ferroviario impulsado en la década de 1940, destinado a conectar Malargüe con Bardas Blancas. Sin embargo, la obra nunca se completó. A lo largo de los años, el puente fue trasladado en distintas oportunidades, vinculado a proyectos petroleros que tampoco llegaron a concretarse.
Durante décadas, permaneció en desuso, resistiendo incluso su destino como chatarra. Hasta que finalmente encontró un nuevo propósito.
En el Museo Iriarte, el puente recuperó su esencia original: unir. Hoy se proyecta como una pasarela peatonal que conecta el Museo con el Botánico, integrando naturaleza, historia y arquitectura en una misma experiencia.
La obra civil, iniciada con todos los estudios y autorizaciones correspondientes, avanzó hasta su finalización en junio de 2023. Posteriormente, en octubre del mismo año, se obtuvo la aprobación oficial para su instalación.
El montaje definitivo se llevó a cabo con equipamiento especializado y un gran trabajo de coordinación entre instituciones locales. Finalmente, el 14 de febrero de 2026, los trabajos quedaron concluidos.
Hoy, este puente no solo conecta dos espacios: conecta historias, esfuerzos y visiones compartidas.
Es, sin dudas, un símbolo del espíritu del Museo Iriarte: rescatar, reconstruir y dar nueva vida a aquello que parecía olvidado.