




La Estación Ferroviaria es uno de los espacios más emblemáticos del Museo Iriarte. Mucho más que una construcción, representa un homenaje a la historia del ferrocarril argentino y al papel fundamental que tuvo en el desarrollo de los pueblos del interior.
Su creación fue el resultado de años de búsqueda, rescate y recuperación de elementos ferroviarios provenientes de distintas localidades de la región. Cada pieza incorporada posee una historia propia y forma parte de un proyecto que buscó recrear con la mayor fidelidad posible el ambiente de una estación de época.
A comienzos del año 2000 comenzó la búsqueda de materiales para dar forma a este proyecto. Las primeras cabreadas y columnas ferroviarias fueron recuperadas de las ruinas de la antigua Estación Las Parvas, cercana a Junín, junto con el tradicional malacate de agua utilizado para abastecer la hacienda.
Poco tiempo después surgió una oportunidad aún más significativa: la posibilidad de rescatar estructuras pertenecientes a la desaparecida Estación El Peregrino. Sus componentes resultaron más adecuados para el proyecto y fueron trasladados para formar parte de la actual estación del museo.
Las puertas y ventanas se adquirieron en Juan Bautista Alberdi y pertenecieron a la antigua oficina telefónica del pueblo. Los carteles ferroviarios fueron recuperados en localidades como Aarón Castellanos, en Santa Fe, y Buena Esperanza, en La Pampa.
El proceso de construcción fue sumando permanentemente nuevos elementos provenientes de distintas regiones, permitiendo recrear una estación cargada de autenticidad y memoria.
Con el paso de los años la estación fue incorporando objetos originales que formaron parte de la vida cotidiana del sistema ferroviario argentino.
Entre ellos se encuentran mostradores de antiguas estaciones y comercios, faroles ferroviarios utilizados por los cambistas, telégrafos, picadores y marcadoras de boletos, balizas para niebla, manuales técnicos, mapas históricos, uniformes ferroviarios, escritorios, máquinas de escribir, estufas de vagón, cajas fuertes, bancos de espera y numerosos elementos operativos.
También se destaca el histórico reloj ferroviario, aún en funcionamiento, junto a una gran báscula para encomiendas, una campana ferroviaria y diversas piezas rescatadas de talleres y estaciones ya desaparecidas.
Cada objeto exhibido permite comprender cómo funcionaba una estación ferroviaria durante gran parte del siglo XX y cuál era la compleja organización que sostenía el movimiento de pasajeros, cargas y comunicaciones.
Durante décadas, las estaciones fueron mucho más que un punto de llegada y partida. Constituyeron el centro de la vida económica y social de innumerables localidades.
Por ellas circulaban pasajeros, correspondencia, encomiendas, noticias y oportunidades de desarrollo. El ferrocarril conectaba pueblos, acercaba familias y permitía el crecimiento de las economías regionales.
La estación del Museo Iriarte busca rescatar precisamente esa dimensión humana y cultural del sistema ferroviario.
El recorrido permite descubrir piezas fundamentales para comprender el funcionamiento de los trenes:
Fabricados principalmente en quebracho, sostenían las vías férreas y soportaban las exigencias del paso constante de las formaciones. Su resistencia y durabilidad los convirtieron en un símbolo de la infraestructura ferroviaria argentina.
Mediante complejos sistemas de cables y rodillos permitían accionar señales y desvíos de vías, organizando el ingreso y la circulación de trenes dentro de las estaciones.
Pequeños cartones impresos que indicaban origen, destino y categoría del viaje. Eran perforados por el guarda durante el trayecto para validar el pasaje.
Su sonido anunciaba la inminente partida de la formación y formaba parte de la rutina diaria de cada estación.
Antes de la llegada de las comunicaciones modernas, el telégrafo fue una herramienta indispensable para coordinar el movimiento ferroviario a grandes distancias mediante el famoso código Morse.
Utilizados por personal de maniobras y cambistas, permitían comunicar señales visuales mediante luces de distintos colores, especialmente durante la noche.
La réplica de la Estación Ferroviaria del Museo Iriarte es el resultado de la pasión por preservar un patrimonio que marcó profundamente la historia de los pueblos argentinos.
Cada elemento recuperado, cada objeto exhibido y cada detalle reconstruido permiten revivir una época en la que el tren era sinónimo de progreso, encuentro y crecimiento.
Hoy, este espacio invita a los visitantes a recorrer ese pasado, comprender su importancia y mantener viva la memoria de una de las instituciones más trascendentes de la historia nacional.