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Panadería

Audioguía

La Panadería Don Furno es uno de los espacios más emotivos y representativos del Museo Iriarte. No solo conserva maquinaria y herramientas originales de una antigua panadería rural, sino también la historia de una familia, de un oficio y de una forma de vida que durante décadas alimentó a toda una comunidad.

El encuentro con una historia extraordinaria

En septiembre de 2004, durante una visita a la familia Alasino en Lucas González, provincia de Entre Ríos, surgió una oportunidad inesperada. Leopoldo Alasino acompañó a integrantes del Museo Iriarte hasta el paraje La Llave, ubicado a unos quince kilómetros de la localidad, para conocer una antigua panadería que permanecía cerrada desde hacía más de cuarenta años.

Allí vivía don Ramón José Francisco Furno, quien aún habitaba el lugar junto al viejo almacén y bar que acompañaba al establecimiento. Entre pisos de madera gastados por el paso del tiempo, mostradores originales, botellas antiguas, damajuanas y recuerdos acumulados durante décadas, aguardaba intacta una verdadera joya patrimonial.

Al recorrer la propiedad y llegar a la panadería, la sensación fue inmediata: todo parecía detenido en el tiempo.

Las máquinas, los hornos, las herramientas y el mobiliario permanecían exactamente donde habían quedado el día en que la actividad se detuvo. El lugar conservaba intacta la esencia del trabajo cotidiano de generaciones de panaderos.

El rescate de la panadería

La posibilidad de preservar aquel patrimonio dio inicio a una serie de visitas, conversaciones y encuentros con la familia Furno.

La propuesta fue clara desde el comienzo: rescatar la panadería completa para reconstruirla en el Museo Iriarte y evitar que desapareciera para siempre.

Tras varios viajes, largas charlas y múltiples gestiones, se llegó finalmente a un acuerdo con la familia. El proceso requirió incluso realizar algunas modificaciones edilicias para permitir la salida de la maquinaria original, incluida la ampliación de accesos y la instalación de un nuevo portón.

Finalmente, el 29 de noviembre de 2009 se concretó la adquisición y comenzó el traslado hacia Iriarte.

El momento fue profundamente emotivo. Para don Ramón Furno, significaba despedirse de gran parte de su vida. Para el Museo, representaba la posibilidad de preservar un patrimonio invaluable para las futuras generaciones.

Cómo funcionaba una panadería de antaño

La panadería conserva gran parte de los equipos utilizados tradicionalmente para la elaboración del pan y las facturas.

Sistema de poleas

Una característica destacada era el sistema centralizado de transmisión mediante poleas y correas.

Un único motor impulsaba distintas máquinas distribuidas dentro de la llamada «cuadra», nombre con el que se conocía al sector de producción. Mediante una compleja red de poleas, la energía se transmitía a cada equipo necesario para el proceso de elaboración.

Mezcladora y amasadora

En esta máquina se incorporaban la harina, el agua y la sal.

Sus cuchillas semicirculares giraban lentamente para mezclar los ingredientes y generar una masa homogénea, lista para continuar el proceso de elaboración.

Sobadora

Una vez preparada la masa, pasaba por la sobadora, una máquina equipada con rodillos que permitían estirar y trabajar la masa repetidamente.

Este procedimiento mejoraba su textura y consistencia, garantizando la calidad del producto final.

Palas para horno

Las largas palas de madera eran herramientas indispensables para introducir, acomodar y retirar panes y facturas de los hornos a leña.

Fabricadas en madera dura, permitían trabajar con seguridad frente a las altas temperaturas.

Galletitero

Uno de los elementos más particulares de la panadería es el galletitero.

Se trata de un gran depósito de madera donde se almacenaban a granel las tradicionales galletas de campo que luego eran despachadas a estancias y establecimientos rurales de la región.

La recreación en el Museo

Con el objetivo de completar la ambientación del espacio, el Museo incorporó posteriormente nuevos elementos históricos vinculados al oficio.

Entre ellos se destacan un antiguo mostrador con tapa de mármol blanco, una caja registradora de época y un tradicional carrito distribuidor perteneciente a la histórica panadería Las Violetas.

Para dar aún mayor realismo a la recreación, la artista plástica Noelia Correa elaboró réplicas artesanales de panes, galletas y facturas en cerámica fría, permitiendo recrear fielmente el ambiente de una panadería tradicional.

Un homenaje a los panaderos de pueblo

La Panadería Don Furno representa mucho más que un conjunto de máquinas antiguas. Es un homenaje a los hombres y mujeres que durante décadas trabajaron de madrugada para llevar el pan a cada hogar.

Su reconstrucción permite comprender cómo funcionaban estos establecimientos, conocer las técnicas de elaboración de otra época y mantener viva la memoria de uno de los oficios más importantes de la vida cotidiana de nuestros pueblos.

Hoy, quienes recorren el Museo Iriarte pueden ingresar a este espacio y sentir que el tiempo se ha detenido, descubriendo cómo era una auténtica panadería rural argentina de mediados del siglo XX.