




La peluquería del Museo Iriarte recrea uno de los espacios más tradicionales y sociales de los antiguos pueblos argentinos: el lugar donde no solo se cortaba el cabello o se afeitaba la barba, sino también donde circulaban historias, charlas y noticias de cada comunidad.
Este ambiente fue incorporado al museo en el año 2008, a partir de la adquisición completa de la histórica peluquería “Vito” de la ciudad de Junín.
El 6 de octubre de 2008, el comisionista en antigüedades Pedro Lupo acercó al Museo Iriarte el inventario completo de la peluquería “Vito”, un tradicional comercio juninense que conservaba gran parte de su mobiliario y herramientas originales.
Previamente, Omar Marzol había visitado el lugar para evaluar el estado y la importancia patrimonial de cada pieza.
Luego de construir el espacio destinado a su exhibición, el 3 de noviembre de 2008 todo el mobiliario fue trasladado al Museo Iriarte.
La peluquería recibió el nombre de “Don Felipe”, en homenaje a Felipe Díaz, histórico peluquero de Iriarte y amigo de la familia Marzol.
Durante gran parte del siglo XX, las peluquerías eran puntos de encuentro habituales en los pueblos y ciudades.
Allí convivían los cortes de cabello, las afeitadas tradicionales y las largas conversaciones entre clientes y peluqueros.
El Museo conserva numerosos elementos originales que permiten reconstruir fielmente cómo funcionaban estos espacios.
Antes de la llegada de las máquinas eléctricas, el cabello se cortaba con máquinas manuales de acero.
Funcionaban mediante cuchillas dentadas con desplazamiento horizontal accionadas manualmente por el peluquero.
El corte inicial se completaba luego con tijeras comunes, tijeras dentadas para disminuir volumen y finalmente con la clásica navaja para detalles y terminaciones.
Uno de los grandes protagonistas de toda peluquería antigua era el sillón giratorio.
Pesado, robusto y generalmente tapizado en cuero, permitía reclinar el respaldo para el afeitado y regular la altura del cabezal según cada cliente.
Muchos locales también contaban con banquetas especiales para niños.
La navaja era una herramienta indispensable para el afeitado tradicional.
Con su hoja plegable de acero perfectamente afilada, permitía rasurar la barba y perfilar patillas, nuca y contornos.
Para preparar la piel, el peluquero utilizaba brochas de cerdas naturales y recipientes donde batía la espuma de afeitar.
Con el paso del tiempo y por cuestiones sanitarias, especialmente tras la aparición del HIV, las navajas comenzaron a dejar de utilizarse en muchas peluquerías.
Otro elemento clásico era el vaporizador manual, utilizado para humedecer suavemente el cabello antes del corte.
Funcionaba mediante un pequeño fuelle que atomizaba el agua sobre el pelo del cliente.
Luego del afeitado, el peluquero aplicaba talco sobre la nuca utilizando una almohadilla especial y finalizaba con un suave cepillo de cerdas.
En toda peluquería había un revistero destinado a acompañar la espera de los clientes.
Las revistas deportivas eran las más habituales y permanecían durante meses, pasando de mano en mano mientras los vecinos compartían conversaciones y anécdotas.
La peluquería “Don Felipe” forma parte del recorrido del Museo Iriarte como homenaje a los antiguos oficios y a esos lugares que marcaron la vida social de generaciones enteras.
Cada objeto exhibido conserva la esencia de una época donde el tiempo transcurría más lento y la peluquería era mucho más que un simple lugar para cortarse el pelo.