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Viejo almacén y bar

 

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El Viejo Almacén y Bar del Museo Iriarte recrea uno de los espacios más representativos de la vida cotidiana de los pueblos argentinos. Mucho más que un simple comercio, los antiguos almacenes de ramos generales eran verdaderos centros sociales donde se compraba, se conversaba, se intercambiaban noticias y se fortalecían los vínculos de la comunidad.

Este espacio reúne cientos de objetos originales que permiten revivir el ambiente de aquellos establecimientos que durante décadas fueron el corazón comercial y social de los pueblos del interior.

El rescate de una historia

La historia de esta recreación comenzó a construirse a partir de una serie de viajes y descubrimientos realizados en distintos puntos del país.

A comienzos de la década del 2000, durante frecuentes recorridas por la provincia de Buenos Aires, surgió el contacto con Estela Fantino, reconocida conocedora del mundo de las antigüedades. A través de ella llegaron al Museo numerosas piezas vinculadas a la vida rural, el ferrocarril y los antiguos comercios.

Pero uno de los hallazgos más importantes ocurrió en octubre de 2006, cuando apareció la oportunidad de adquirir el contenido completo de un almacén histórico que permanecía cerrado desde hacía más de diecisiete años en la localidad bonaerense de Alberti.

El establecimiento había pertenecido a la sucesión de Don Basilio Mauro y conservaba gran parte de su mobiliario original, incluyendo los tradicionales muebles destinados a la venta a granel de azúcar, harina, yerba, legumbres y otros productos esenciales de la época.

Además, el lugar guardaba una valiosa colección de revistas históricas, objetos comerciales y elementos que habían permanecido prácticamente intactos durante décadas.

Tras varias visitas, inspecciones y negociaciones, se concretó la adquisición completa del almacén. Poco después, un numeroso grupo de colaboradores participó de la compleja tarea de desmontar, clasificar y trasladar cada una de las piezas al Museo Iriarte.

La construcción del almacén y la botica

Durante 2007 comenzó el trabajo de montaje dentro de la antigua casa principal del Museo.

El objetivo no era simplemente exhibir objetos antiguos, sino reconstruir el ambiente auténtico de un almacén de ramos generales con su correspondiente sector de bar y botica.

Para lograrlo se incorporaron piezas provenientes de distintos puntos del país:

  • Muebles originales del almacén de Don Basilio Mauro, de Alberti.
  • Mobiliario de farmacia y comercio proveniente de Plá.
  • Estanterías y muebles de ferretería rescatados de antiguos negocios de Hereford.
  • Mostradores históricos restaurados especialmente para el proyecto.
  • Mesas y sillas de antiguos bares de la provincia de Buenos Aires.
  • Frascos farmacéuticos, morteros y elementos de botica.
  • Balanzas comerciales.
  • Faroles, botellas, sogas, herramientas y artículos de uso cotidiano.
  • Rejas artesanales y elementos decorativos construidos especialmente para la ambientación.

Cada pieza fue cuidadosamente restaurada e integrada para recrear con la mayor fidelidad posible la atmósfera de aquellos comercios que abastecían a las familias rurales y urbanas.

El almacén de ramos generales

Durante gran parte del siglo XIX y buena parte del siglo XX, los almacenes de ramos generales eran el principal centro comercial de los pueblos.

Allí podían encontrarse alimentos, herramientas, productos de farmacia, artículos para el hogar, bebidas, tejidos, implementos rurales y prácticamente todo lo necesario para la vida cotidiana.

Muchos de estos negocios funcionaban también como punto de encuentro social. Mientras se realizaban las compras, vecinos y productores compartían conversaciones, intercambiaban noticias y fortalecían la vida comunitaria.

En numerosos casos, el almacén incluía además un pequeño bar o despacho de bebidas, donde las charlas podían extenderse durante horas.

Un viaje a la vida de los pueblos

Hoy, el Viejo Almacén y Bar del Museo Iriarte permite revivir ese universo de mostradores de madera, estanterías repletas de mercaderías, botellas antiguas, balanzas, frascos de botica y objetos que marcaron la vida de generaciones enteras.

Cada rincón conserva la esencia de aquellos comercios donde se mezclaban trabajo, amistad, encuentro y comunidad.

Más que una colección de objetos, este espacio es una reconstrucción viva de una época en la que el almacén era mucho más que un negocio: era el lugar donde transcurría gran parte de la vida del pueblo.