cuentos
«Siempre me he preguntado cuál de las pasiones del hombre mide menos las consecuencias de sentirlas a pleno: amor o juego. Lo vivido dice que el amor puede llegar a redimir. Nunca el juego. Pero la intensidad…»
«Una noche la sorprendió ornado. Al sentirse descubierta volvió sus ojazos interrogantes hace él. Lo quemaron. (…)»
«Y entraron a pasar los años. Cada vez la frontera con el indio se fue alejando más de LA Centinela. Ya Pichà Contreras tenÃa doce años expertos, de excelente fÃsico y admirables condiciones humanas (…)»
«Los indos de Epúmer acallaron sus festejos. Estaban desconcertados y el pudor de su lealtad los hacÃa caracolear con sus caballos alrededor del cacique. Los rostros anunciaron el miedo. Las carcajadas de Margarita destrÃan la razón del universo (…)»
«No serÃa una visión chiquita, egoÃsta, desconsiderada para con el resto, asignarles la propia angustia que el transcurrir de sus dÃas latÃa en su pecho y resonaba en sus oÃdos…?»
«Los presentes voltearon uno a uno para observar al gaucho que estaba allà detenido, en suspenso. Era de verdad enorme (…)»
«Siempre que pudo habÃa ayudado a su padre, aún en época del secundario y después, cuando ya estaba en la Universidad de Córdoba. Pero este viaje es especial; no viene cargado, sólo tiene por objetivo cobrar la deuda de Pascual Escudero, que es muy importante, y estar de vuelta al anochecer (…)»
«Un partido, luego la revancha y después “el buenoâ€. La noche se alargaba y en algunos se notaba “un ligero descontrol internoâ€. Si no habÃa más plata, se cargaba en cuenta, sin riesgo, porque ese crédito era sagrado.»
«El denso humo parece una cortina impenetrable. Usa su poncho para cubrirse la boca y se interna entre los espartillos (…)»
«No sabÃa si hacÃa frÃo, pero por mis piernas corrÃa una transpiración helada que se perdÃa en el interior de mis botas.(…)»
«HacÃa escasos quince minutos que se habÃa retirado del boliche, totalmente mamado. Caras de preocupación, incertidumbre y la designación apresurada de un grupo de rescate hacia la casa del gordo que, sentado con un pucho apurado como medicina y un vaso de agua fresca, contaba la pelea que terminó en puñalada.»
«Estaba Nelson en esa crÃtica situación, pensando en alguna medida desesperada, encomendándose a todos los santos, cuando vio a dos caballos acercarse desde la orilla norte. (…)»