Etiqueta: Museo

¡MUCHAS GRACIAS!

MUCHAS GRACIAS a los que participaron por engrandecer este concurso. En los concursos literarios todos ganan. Y desde el principio; ya que en eso de enlazar algunas palabras que luego serán oraciones se dedica imaginación, creatividad y recuerdos que nos hacen mejores. Los que escribimos sabemos que no somos los mismos después de escribir unas

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El Museo Iriarte y Editorial Krivodol Press comunican:

El jurado de la III edición del Concurso Literario Campo y Pueblo seleccionó 40 trabajos entre los que saldrán los ganadores y los que se publicarán.  La respuesta a la convocatoria ha sido enorme ya que se recibieron  más de 1200 escritos llegados desde diversos países de América, Europa y África.  El resultado final de esta selección

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Vascos eran los de antes…

«Se tomaron el tren en Retiro y llegaron donde el destino los había citado: el tambo manual del Vasco rico de la zona rural de Iriarte, don Agustín Goyenechea Irasusta. Tenía unas doscientas vacas en ordeñe, que vivían a la intemperie y …como pocas veces en el transcurso de sus vidas ellos habrían coincidido en algo : “Ese vasco estaba rematadamente loco”.»

Colacho

«Comenzó, como jugando, a complicarle el camino a las hormigas en un intento inconciente de saber cuál sería su reacción ante un acontecimiento imprevisible. De pronto lo asimiló con su vida, con sus propios tropiezos, con su volver a empezar y volver a caer y detuvo su mano.»

Que nochecita

«La noche de invierno del 17 de julio de 1962 presagiaba una velada boxística de primer nivel en el Club San Martín de Iriarte. Pelea pactada a diez rounds entre el crédito local Miguel “Cirujano” Bontempo y el campeón provincial Avelino “Rompehuesos” Sagardía. Arbitro del combate… ¡quién otro que no fuera el Cacho Arriola!»

Un tipo con templanza

«Logró despertar la envidia de los invitados varones con su habilidad para los pollos a la parrilla rociados sólo con limón y la aprobación de las mujeres por su capacidad histriónica, que despertaba curiosidad y alegría. Innumerables “aplausos para el asador”, que él respondía con un simple gesto como no dándole importancia ( pero que en el fondo, disfrutaba)»